CAPITULO IV
LOS CUERVOS
Era una tarde de verano nos íbamos de picnic mis amigos y yo, recuerdo que era una tarde muy calurosa el sol picaba, mientras conversaba con mis amigos de los planes que íbamos a hacer esa noche buscábamos un árbol en donde refugiarnos de dicha calor. Encontremos uno, preparamos las cosas para comer, el manto rosado de cuadros de mi madre, en la cesta María llevaba bocadillos de chorizo, pechuga de pavo y jamón tanto serrano como york, unos refrescos y yogures de distintos sabores, servilletas etc, una vez preparado todo nos propusimos a comer el manjar que nos había prepara nuestra amiga, mientras conversábamos nos reíamos, hacíamos juegos, total una tarde muy divertida y entretenida, sentía que nada iba a ir mal y que la noche sería fantástica y al día siguiente estaríamos todos en la playa tal como propuso nuestro amigo Jorge.
Después de comer me tumbé y recosté mi cabeza en mi mochila mientras respiraba el aire puro de la naturaleza, me daba tranquilidad tal que me obligó a cerrar los ojos, estaba en el paraíso oía a mis amigos jugar al UNO Juan era muy mal perdedor y no hacía más que protestar. De repente sus voces cesaron me pareció extraño pero seguí en mis mil sueños. Pasaron unos minutos y no había sonido alguno abrí los ojos para ver lo que pasaba y no había rastro de ninguno de ellos, era como si se fueran esfumado, intenté levantarme pero no podía era como si mi cuerpo se hubiera quedado pegado a el, intentaba gritar pero tampoco pude no salía de mi boca sonido alguno, pensé que era un sueño si es eso una pesadilla horrible, pronto me despertaré y me reiré, peor no fue así el sol empezaba a esconder y yo seguía aún ahí pegada al suelo lloré y lloré de la angustia hasta que que aquello que sentía se convirtió en terror de pronto veo venir hacia mi una bandada de pájaros negros desde lejos que se dirigían hacia a mi al acercarse más me pude percatar de que eran cuervos mi angustia empezó a aumentar más se posaron en mis brazos en mis piernas en mi abdomen en mi cara y por si fuera poco, empezaron a picarme, no podía moverme, no podía gritar ni levantarme tan solo sentía mis lágrimas recorrer mis mejillas y el escozor y dolor de aquellas oscuras aves de desgarrarme la piel, me estaban comiendo y yo no podía hacer nada, ¿es así como va a cesar mi vida? Me preguntaba con desesperación cerré los ojos fuertemente para ver si se trataba de una pesadilla y poder despertar, me mordía el labio, me desconcentré cuando un cuervo me arrancó la uña del dedo índice de la mano derecha mi vida se estaba agotando entre terribles sufrimientos casi no veía ya luz alguna, pensé que era el fin hasta que escuché gritar mi nombre Claudia, Claudia, sentía que me agarraban y me agitaban por los hombros, me desperté y vi el rostro de mi amiga María, la abracé y me puse a llorar como un bebé le conté mi sueño; ella me comentó que me vio muy agitada mientras dormía así que decidió despertarme.
“Es hora de irnos” ordenó Jorge, esta noche vamos al pub y luego a la disco pero no podemos demorarnos mucho que mañana vamos a la playa, venga vamos Claudia animate que solo ha sido un sueño. Me incorporé y cogí mi mochila aliviada de que aquello no fue real pero algo hizo que me estremeciera y se me erizara cada poro de mi piel frente a mi había un árbol donde pude ver a un cuervo posado sobre una rama mirándome desafiante, del miedo salí corriendo y alcancé a mis amigos mientras podía oír de lejos al cuervo de cantar.
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